diciembre 17, 2008

Con los ojos no te veo

Ensayo Verdoso Sobre La Soledad







...sé que se me viene el mareo
y es entonces,
cuando quiero salir a caminar

noviembre 21, 2008

El lado oscuro

[A veces me da por ser cuentera]

Tú si te acuerdas, ¿verdad?... Te acuerdas de aquélla vez en Xalapa, cuando llegué a tu casa y te encontré tirado en un petate junto a una güera insípida que no dejaba de restregarse hacia ti como gato. Estabas ahí en tu pose de jipi venido a menos esperando a que llegáramos. Luego nos fuimos a la fiesta de tus amigos y la güera insípida se quedó quien sabe donde. Aunque en su lugar llegó una regordeta que a leguas se notaba estaba enamorada de ti. Pero tú nomás la veías como amiga, lo sé porque me lo dijiste mientras bailábamos un reggaetón de esos que estaban de moda antes de que saliera ‘la gasolina’. Te movías como nadie, me bailabas a mi y mi baile era todito, todito pa’ ti.

Luego de tomar harta agüitaloca que traías en una botella de Fanta, empecé a sentirme mareada, sobretodo cuando bajamos esas escaleras angostitas para ir en busca de más líquido embriagante. Me acuerdo que uno de tus amigos se aventó hacia un auto en movimiento con la clara intención de matarse, porque estaba despechado, se quería morir por saber que la mujer a la que él amaba llenaba de caricias la cama de tu hermano.

Y tú me tomaste de la mano como si fuéramos novios, no te importaba que nos vieran tus decenas de admiradoras, esas que encontraban divinos tus ojos que con un guiño le ponían la piel de gallina a quien lo recibiera. Esa noche todos tus camelos fueron para mí.

Cuando llegamos a la licorería, se me nubló la vista, dejé de escuchar y sólo veía en desenfoque las luces de los autos que pasaban cerca de nosotros. Entonces te acercaste y me tomaste entre tus brazos para llevarme directo a un auto que nos trasladó a un departamento lejano. En el camino repetías lo mucho que estabas disfrutando tenerme cerquita y yo sentía que no me iba a perdonar no besarte.

Te besé hasta el otro día, cuando por fin se fueron todos y nos quedamos solitos durmiendo sin siquiera ser consientes de ello. Sentí tus labios gruesos, tus dientes parejitos. Entonces sacaste de tu bolsa algo envuelto en una hoja de libreta cuadriculada. Era la primera vez en mi vida que yo veía la marihuana y me entraron las ansias por probarla, así que sin dudarlo forjaste un cigarro y entre los dos nos lo fumamos al compás de ‘el lado oscuro’:

“habías sido, sin dudarlo, la más bella de entre todas las estrellas que yo vi en el firmamento”

Tirados en la cama nos besamos como hacía años lo habíamos esperado, nos abrazamos hasta con las piernas, tus dedos se enredaron en mi cabello y sentía como tu sangre recorría cada una de tus venas hasta llegar al corazón, tu corazón que palpitaba cada vez más rápido entre más te besaba. Me dijiste que tenía los ojos hermosos, profundos… Entonces me fui. No te vi más.


***

No te vi más hasta anoche que me llamaste explicando que andabas aquí en el puerto arreglando no sé qué cosas con tu hermano. Esperé años a que eso pasara. Cuando llegué a buscarte estabas más que listo, esperando afuera del hotel, junto al malecón, viendo el mar.

Caminé hacia ti y tú hacía mí y nos dimos un gran abrazo que duró más de dos minutos. Luego nos fuimos a una cantina a tomar cerveza, pero sobretodo a platicar de nuestras vidas, del gobierno, de música, cine y futbol. Me contaste que a tu papá le gusta cantar pero que no lo hace porque es demasiado tímido, pero tiene una voz bien chingona, dijiste. Y me sorprendía al encontrarte un tipo realmente fascinante. Luego de tomarnos tres medias cada quien, pagaste la cuenta mientras yo me metí al baño a desecharlas. Nos fuimos por los portales, nos metimos en los callejones, me tomaste una foto que después borraste de tu celular abrazando la estatua de Benny Moré. Fue ahí que me tomaste de la cintura, yo estaba de espaldas y empecé a sentir que todo mi ser se erizaba, así que me volteé y como no te alcanzaba la boca, tuve que subirme a una banca pa’ poder besarte, pa’ poder sentir de nuevo esos labios gruesos y esos dientes parejitos. Así estuvimos un rato hasta que nos cansamos y empezamos a caminar entre más callejones, pasamos por la casa de los gatos que está en la plazuela de la campana agarrados de la mano, con los dedos entrelazados como novios.

Quiero besarte toda, murmurabas mientras pasabas tu barba por mi cuello y yo temblaba como la luz en el agua. No importaba que nos vieran las personas que, como nosotros, visitaban la noche.

Como ya no podía aguantarme y por más que intenté hacerme la decente, acepté ir contigo a tu hotel. Ya ahí, recostados en la cama como aquélla ocasión en Xalapa, nos besábamos con desesperación. Te sentí enseguida, hicimos el amor como locos, por vez primera, como ambos lo habíamos esperado por años, me decías lo hermosa que me encontrabas y yo quería que te callaras para seguirte besando. Nos hubiéramos acabado el Kama Sutra de haberlo leído. Hasta que amaneció... fue tan maravilloso que, para no estropear ese recuerdo, juramos enlazando nuestros dedos meñiques que no nos volveríamos a ver jamás.

Entonces te regresaste a Xalapa con tu mujer, la regordeta, y yo caminé hasta llegar a mi casa donde esperaba dormido mi marido.

Octubre, 2008

Tan real como que Remedios, la bella, se llevó las sábanas de Fernanda al cielo...

noviembre 15, 2008

septiembre 10, 2008