febrero 04, 2011

Leonel y Manuel


Dicen que mató a su hermano una mañana de 1957. Estaban probando armas y se le fue un tiro; tenía 31 años. Desde entonces, cada día de muertos se acerca al sepulcro ya destrozado por el tiempo, le sacude el polvo y pone una flor que arrancó en el camino. Se sienta en la tumba de al lado, con un cuchillo saca punta a un pequeño palo; le platica:

-Yo no te maté, Manuel… Yo nomás me eché la culpa porque me dieron un buen fajo de billetes. Tú sabes que nos hacía falta. Pero maté al que te mató, eso sí. Le enterré en un pulmón una estaquita como esta que ahora afilo y luego me lo reventé de un plomazo. Soy el Caín para todos… Ya ni modo, no será la única muerte que ande cargando, pero sí la única de la que no soy culpable.

® 2011