agosto 30, 2011

agosto 04, 2011

Cura de espanto







Anoche me robaron un poquito de alma...
se fue entre esos ojos, esa bruma,
y la incertidumbre que paraliza, que da miedo.

agosto 01, 2011

A mí me hicieron en el monte, entre los platanales



Manuel ya estaba viviendo con Matiana cuando se encontró con Marina en los platanales. Ya tenían incluso tres hijos que habían nacido en intervalos muy cortos de tiempo.

Marina lavaba ropa en el pozo de agua, cerca de su casa. Delgada y morena, con el pelo largo, oscurísimo y ondulado; nariz recta y ojos profundos, no había podido dejar de pensar en el Manuel que ya la había hecho madre de dos niños a sus cortos veinte años. Manuel, cinco años mayor, la dejó por Matiana que era más clara de piel y con más patrimonio de ella que tenía que lavar ropa ajena para sobrevivir.

Marina levantó la canasta de ropa húmeda y se la colocó en la cabeza. Comenzó a caminar contoneándose de un lado a otro en un acto inconsciente de coquetería cuando se dio cuenta que, sentado en el cerro vecino, Manuel no le quitaba la vista de encima.

Era el mes de junio de 1950. El cause del río había cambiado por tanta lluvia. Marina, con los pies descalzos y llenos de lodo hasta los tobillos, caminaba sin parar y abriendo una brecha entre los platanales que ya seguía a paso firme Manuel.

La alcanzó al poco rato, con botas de hule, no se había manchado siquiera el pantalón. La tomó por la cintura empujándola hacia él.

-Si mi mamá te ve por aquí te agarra a palazos, hasta que te mueras…

No hizo caso de la advertencia y sin decir palabra alguna le alzó el vestido, le bajó los calzones de manta un poco salpicados de lodo y también bajó los suyos; ella hacía un esfuerzo monumental por no dejar caer la canasta de ropa húmeda que llevaba en la cabeza. Se agarraba de ella como si de eso dependiera no caerse y contenía los gemidos para no hacer ningún tipo de ruido que pudiese alertar a su madre sobre lo que estaba ocurriendo.

Cuando a los pocos meses la madre se enteró que estaba embarazada del mismo hombre que la dejó con dos hijos, le gritó que era una pendeja y le lanzó sin piedad una lata de atún abierta que le cortó el párpado derecho y bañó de sangre su limpio rostro.

Él negó siempre haber embarazado a 'la esa', como se refería a Marina y no reconoció a la bebé si no hasta verla en brazos de su hermana y preguntar:

-¿De quién es es ese bebé tan bonito?
-Es la que dices que no es tu hija...
-Cómo no, claro que es mi hija, si luego luego se ve que es igualita a mí.

La niña creció siempre odiando a ese hombre que le dijeron era su papá. Le tenía miedo. Un buen día, estando distraída, la cargó en un intento frustrado de darle un beso; la niña no dejó nunca de gritar, llorar y patalear.

Cuando lo mató su hermano, a Manuel lo pusieron en una hamaca y, en el camino a casa de Matiana, la gente del pueblo se encontró con la niña de seis años que, llena de terror, miraba sin parpadear la escena.

Una mujer la abordó y la obligó a acercarse:

-Anda niña, bésale los pies al muerto, que ese muerto es tu padre.